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El metaguión por excelencia

Por Andrea Echeverri,  andreacine.wordpress.com

La primera sensación que tuve al salir de la película El ladrón de orquídeas (Adaptation., 2002) fue de tremenda decepción. Sentí que me habían tomado del pelo, de forma chabacana y facilista… pero además me lo tomé como algo personal.

El anterior filme del dueto Spike Jonze y Charlie Kaufman (director y guionista, respectivamente), ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), era una historia compleja y, sobre todo, diferente, lindando con lo absurdo. Una propuesta no sólo completamente irreverente en cuanto a lo argumental, sino también innovadora en su aspecto narrativo. Ya entonces se metían con elementos externos, tomados de la realidad (el mismo título lo indica) para crear un a trama hilarante pero profundamente reflexiva acerca de la identidad, la virtualidad y la razón de ser en el mundo.

Así que me metí a ver El ladrón de orquídeas nada más la estrenaron en cartelera. Y había mucho qué esperar: aparte de ser una película de Jonze, sus protagonistas son un Nicolas Cage cuya versatilidad no ha impedido su depuramiento como actor (hay que recordar, en especial, Leaving Las Vegas), y Meryl Streep; y además tiene un nombre más llamativo en su traducción al castellano que el original –pero, definitivamente, menos acertado–, y un simpático cartel, en el que figuran estos créditos junto a los de Charlie y Donald Kaufman en el guión, adaptado del libro “The Orchid Thief” de Susan Orlean.

La película abre con un monologo en off de Charlie Kaufman (sí, el guionista mismo), sobre la pantalla en negro mientras aparecen los créditos iniciales (con letra de máquina de escribir), y que luego nos acompañará a lo largo de dos horas, mientras [se] desarrolla toda la historia. Es decir, se trata no de la verdadera adaptación de la novela (o más bien del relato periodístico) de Orlean, que de hecho existe, sino del proceso mismo de la adaptación, por parte del ¿verdadero? guionista, con la ayuda final de su hermano gemelo, Donald.

Vamos por partes. John Laroche es un personaje real, un blanco que trabajaba en una reserva estatal norteamericana en la región de los indígenas saoritas en la Florida, y que de hecho fue aprehendido por el robo y la clonación de una mítica orquídea fantasma. Susan Orlean es una periodista (también real) del New Yorker que, tras dos años de investigación, escribió el libro que da origen a la película. Y Charlie Kaufman, como ya he dicho, es el guionista verdadero tanto de Being… como del presente filme, del cual todos ellos son personajes principales.

La trama gira, entonces, en torno al proceso creativo de Kaufman, en su intento de volver imágenes la historia de Orlean, quien por su parte convirtió en libro la de Laroche. A éste lo vemos, pues, a través de los ojos de la periodista, y a ella, a través de los de Charlie… y luego, los de Donald. A nivel documental, si estamos atentos, podríamos aprender bastante de estas flores tropicales, e incluso de la evolución darwiniana de las especies. Pero, más que eso, conoceríamos las vicisitudes e inseguridades del escritor, sus problemas de autoestima, su rivalidad, sus principios, su pánico ante la hoja en blanco y ante los dead-lines.

No quisiera contar mucho de lo que sucede en la película, pero es indispensable develar algunas cosas para expresar la dimensión metalingüística del filme. Las primeras imágenes que vemos, tras el monólogo off de Kaufman, nos llevan al set de Being John Malkovich, durante una pausa del rodaje. Hay que advertir que todas las personas que aparecen allí (actores y equipo técnico) son “reales”, con la excepción de que el Kaufman que vemos es interpretado por Cage, cuya voz interior seguimos oyendo… Y luego el filme salta al origen del mundo y de la humanidad, en un esteticista montaje visual, y enseguida acompañamos al guionista al momento pasado en que le encargan la adaptación que hemos venido a ver… A partir de ahí, entonces, tendremos en paralelo las dos historias: la de Orlean y Laroche, y la de Charlie y Donald.

Ya los hermanos Coen habían explorado en profundidad la historia de un guionista en la maravillosa y casi surrealista Barton Fink (1991), donde John Turturro interpreta a un exitoso escritor contratado por un estudio hollywoodense que se bloquea ante su primer encargo. Se trataba entonces de una trama intimista (de hecho sin salir apenas de un cuarto de hotel), centrada en su angustia y su parálisis. Y no es la única película en indagar acerca de este tipo de personajes, habría que nombrar, por ejemplo, otra joya cinematográfica: Sunset Boulevard de Billy Wilder. Así que la originalidad de Adaptation no radica en el personaje mismo, ni mucho menos en el hecho de tratarse de una historia “basada en la vida real”… ¿cuántas veces hemos visto algo así?

Pero aun así, hay algo verdaderamente sorprendente en este filme. Eso que en principio me molestó, pero que luego no me ha dejado parar de pensar en la película. Me remite de inmediato también a una de las novelas más interesante que he leído en los últimos tiempos, Negra espalda del tiempo, de Javier Marías, donde el protagonista es él mismo, a partir de otra novela semiautobiográfica anterior, Todas las almas. En aquella, Marías afirma: “No soy el primero ni seré el último escritor cuya vida se enriquece o condena por causa de lo que imaginó y escribió”, al narrar todos los sucesos que devinieron en su existencia, y en la de los seres que inspiraron los personajes de la otra, hasta el punto de llenar un extenso y formidable relato. En Negra espalda… el límite entre la realidad y la ficción es débil, borroso, casi invisible, como en El ladrón de orquídeas. ¿Es en verdad Marías rey de la isla de Redonda? ¿Se enamoró Susan de Laroche al escribir su libro? ¿Tienen los Kaufman una relación tan complicada realmente?

La voz de Charlie está presente durante casi toda la trama… hasta que le pide ayuda a su gemelo, recién metido al oficio de guionista, gracias a las formulas aprendidas en un maratoniano taller dictado por un autor “industrial”, pero con un éxito jamás vislumbrado por su hermano, que escribe guiones desde mucho antes. Y a partir de que Donald mete la mano, el argumento da un giro a lo Hollywood: sexo, drogas, persecuciones, asesinatos…

Por esta original mezcla entre lo intimista y la acción desbordante, los hermanos Kaufman fueron nominados el pasado 11 de febrero a optar por el Oscar al mejor guión original… Es la primera vez en la historia de la Academia Americana en que se ofrece una nominación real a un personaje imaginario… porque el Donald Kaufman que construye tan sutil pero tan contundentemente Nicolas Cage, quizá sí es tan igual y tan distinto a Charlie como un gemelo, pero es en realidad sólo un doblez de su personalidad, no de su ADN.

Entre más tiempo pasa desde que salí de la sala de cine, más atrapada me siento. Quizá no es la mejor película del año, pero sí recorre vericuetos insospechados, y es una propuesta refrescante e intensa acerca de esos límites que a veces no indagamos porque ni siquiera los notamos cuando los tenemos enfrente.

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4 comentarios el “El metaguión por excelencia

  1. usoidesfero
    julio 19, 2010

    Hola, soy autor de un blog y quería avisarte de que hay unos tipos que se están dedicando a copiar lo que escribimos nosotros para ponerlo en su blog. Han copiado este post tuyo:
    http://www.cinemascope.es/17/07/2010/el-metaguion-por-excelencia/
    Yo he escrito a Yumbee.com para que tomen medidas, y les he dejado un comentario pidiendo que borren mi entrada.
    Me parece un abuso que se dediquen a copiar el trabajo de otros y encima pretendan sacar dinero, porque tienen la web llena de publicidad.
    Creo que si presionamos entre todos podremos pararles los pies a estos caraduras.

    • andreacine
      julio 19, 2010

      Gracias por el dato, Jacobo, estaré pendiente.
      Tu blog está muy bien, estaré pendiente de él en adelante. Me queda la curiosidad acerca de tu nombre de usuario y mi país…

  2. usoidesfero
    julio 19, 2010

    Hola, lo del nombre de usuario y Colombia es una tontería. Me tuve que hacer el nombre de usuario para colaborar en un blog de alumnos de la Universidad de Málaga. Como abrevian el nombre de la universidad como UMA, llamaron al blog umanoides, y los nombres de usuario tenían que ser umanoide+algo. Yo estudié en la Universidad de Sevilla, que abrevian como US, así que en lugar de umanoide utilicé usoide.
    En cuanto a Colombia: tuve un compañero de trabajo colombiano y el primer día que trabajó me preguntó si le podía “regalar un esfero”. En España no usamos esa palabra, y me hizo mucha gracia, así que decidí incorporarlo a mi nombre de usuario 🙂

  3. Carolina Rodriguez
    mayo 26, 2011

    Acabo de ver esto, y lo primero que vi fue Adaptation, una de mis pelis favoritas, la pregunta igual es porque fue increible la primera vez que la vi y no tanto la segunda… Igual forma parte de mi muy especial coleccion.

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