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Asesinato y realidad en la gran manzana

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

Una ciudad viva, descarnada y peligrosa, es el telón de fondo para una historia que podría ser real, como la ciudad misma, y que Jules Dassin descubre ante nuestros ojos con The Naked City como lo hiciera Walter Ruttmann en Berlín, sinfonía de una gran ciudad.

Parece inverosímil pensar que una película de cine negro pueda ser a la vez un documental, y sin embargo, Dassin logra combinar dos géneros tan disímiles en La ciudad desnuda, cinta de 1948, editada y maravillosamente restaurada por Criterion. La investigación de un asesinato sirve como excusa para mostrar la vida compleja, contradictoria, rica y variopinta de Nueva York.

Mark Hellinger, un narrador poco habitual —es el mismísimo productor del film— es el que contextualiza, comenta y ofrece los datos documentales acerca de la gran manzana. Sobre un paisaje urbano nocturno, advierte que nada de la película se rodó en estudio, pues es la ciudad entera la que sirve de escenario a la víctima, los criminales, los testigos y los policías que se verán involucrados en la trama.

A la una de la madrugada, Nueva York parece dormir: calles, bancos, parques y almacenes están vacíos, pero hay gente en los restaurantes, en los clubes, en los muelles… y en el apartamento de Jean Dexter, una modelo en busca de fama y buena vida. Dos hombres la duermen y la ahogan en su propia bañera.

No obstante, la vida continúa. Manhattan despierta, la gente sale a la calle, trabaja, corre de aquí para allá. Una mujer corriente se apresura para llegar a su puesto, aunque hoy su vida va a dar un vuelco: es la criada de Jean, quien descubre su cuerpo. En seguida, la policía se apersona del caso. De su mano, recorremos el barrio, salimos de la isla hacia las otras localidades en busca de evidencias, pistas, sospechosos, o simplemente los acompañamos a sus casas al final de la jornada. Vemos así a los niños que juegan en las aceras, los trabajadores apiñados en el metro, los vendedores en sus tiendas, el trajín de la vida diaria.

Tres días, con sus noches, tardan el Teniente Muldoon (interpretado por Barry Fitzgerald) y el detective Halloran (Don Taylor) en resolver el caso, que involucra a otra modelo, Ruth (Dorothy Hart) y a Niles, su novio bueno para nada (Howard Duff) al elegante doctor Stoneman, a un borracho muerto y a un luchador contorsionista, que los harán recorrer palmo a palmo la isla mientras el narrador aprovecha para hablar de las condiciones y características de la ciudad, que por fin duerme tranquila, al menos en apariencia, otra noche a la una de la madrugada.

“Hay ocho millones de historias en la ciudad desnuda. Esta ha sido sólo una de ellas”, concluye Hellinger, mientras no deja de nuevo con la línea de horizonte que trazan los rascacielos sobre el cielo nocturno de Nueva York.

 

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Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Un comentario el “Asesinato y realidad en la gran manzana

  1. Alberto Zelaya
    abril 13, 2011

    Te felicito Andrea por devolvernos al pasado.
    Alberto

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