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La vida es siempre incertidumbre

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

Bobby y Kate llevan juntos poco tiempo, viven en Nueva York, están enamorados y tienen toda la vida por delante. El hace música, ella es bailarina. Ella es de origen hispano, él probablemente canadiense. Todo en la relación va bien… hasta que les llega la hora de decidir.

Es el 4 de julio, y la familia de Kate lo celebra con un asado en Brooklyn. También están invitados a una fiesta en Manhattan. En medio del puente que une los dos distritos, lanzan una moneda al aire para saber qué hacer. A partir de entonces, como en Sliding Doors —más que como en Corre, Lola, corre, donde las posibilidades son sucesivas, la historia se divide, mostrándonos las dos opciones entremezcladas en el montaje del film.

Hay, sin embargo, otra decisión en juego, mucho más compleja, que quieren dejar para más tarde, y que es la que da fondo al drama: Kate está embarazada, y se plantean la elección de ser padres versus la de el aborto para seguir buscando triunfar en sus carreras y mantener la relación en el estado de gracia que han conseguido hasta ahora. Esto es, finalmente, lo que está en juego en las dos opciones posibles en ese día de fiesta.

Dirigida por Scott McGehee y David Siegel en 2009, Uncertainty se divide en dos apenas la moneda cae. Vestido de verde, Bobby —interpretado por Joseph Gordon-Levitt—, corre hacia Brooklyn, mientras Kate —a quien da vida Lynn Collins—, de amarillo, se dirige a Manhattan. Estos dos colores serán la marca semántica que nos permita reconocer todo el tiempo en cuál de las dos opciones estamos: a Bobby lo recoge Kate en su carro verde, y se dirigen a la casa de ella tras comprar unas flores y recoger un perro perdido. Del otro lado, a Kate la espera Bobby en un taxi, ahora él con una simpática camiseta amarilla con un estampado que resume la trama: piedra, papel, tijera:  En el taxi, Bobby encuentra un teléfono y decide llamar a los últimos números guardados para devolverlo a su dueño.

Verde y amarillo no son colores opuestos o complementarios. No hay un fondo moral que nos lleve a ver cómo sería de maravillosa su vida si deciden formar una familia y cuán vacía si abortan, ni lo contrario. Esa decisión se posterga, y aunque es fundamental, no es definitiva. Y sin embargo, amarillo y verde en la cinta sí responden a valores con los que los asociamos: verde para la esperanza, lo que está permitido, y amarillo para el estado de alerta.

La historia verde se parece a tantas películas de tema familiar, donde el eje madre-hija está en el centro de la trama, y las relaciones horizontales y verticales están en juego todo el tiempo. Bobby intenta todo el tiempo agradar a su suegra —una discreta pero maravillosa Asumpta Serna—, mientras ella no se muestra contenta con el presente de Kate y su hermana y añora al hijo muerto. Llena de diálogos, planos largos, esta versión se queda corta en mostrar la realidad de una familia de emigrantes bien establecidos y con problemas de fondo que no se alcanzan a desarrollar por completo.

Mientras, la historia amarilla se convierte en una película de acción. El teléfono encontrado, de última generación, pertenece a algún mafioso, y la pareja se ve perseguida por un matón oriental entre China Town y Union Square, y amenazada por un posible ruso que dice ser el dueño del celular. En medio de la trifulca, se les ocurre que podrían sacar provecho del incidente y piden medio millón de dólares por el aparato. Entre un café internet, el metro y la azotea del edificio donde se desarrolla la fiesta a la que estaban invitados, Bobby y Kate corren, se juegan la vida y se debaten acerca de qué hacer finalmente con el teléfono. Parece que no está en juego simplemente abandonarlo —tal vez porque Bobby dejó sus datos en el buzón— o entregarlo a la policía —hablan de que él necesita una green card así que probablemente su ilegalidad impida ese contacto—, pero el caso es que aquí, de nuevo, la historia aquí se queda trunca y no es del todo verosímil.

Al final, todo ha cambiado para permanecer igual, como una reminiscencia del mundo del príncipe Fabrizio en El gatopardo. Porque la vida es siempre incertidumbre, y a veces son las decisiones más nimias las que generan los cambios más profundos, y las más complejas, esas que creemos que nos cambiarán la vida para siempre, son más fáciles de tomar de lo que hubiéramos pensado.

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Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Un comentario el “La vida es siempre incertidumbre

  1. Jay
    diciembre 16, 2012

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