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Cuarenta: Una película que no debería ser invisible


Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

 Tres amigos cuarentones pasan un fin de semana lleno de nostalgia en la finca en la que uno de ellos se ha recluido huyendo de la realidad es lo que cuenta Cuarenta, película colombiana de Carlos Fernández de Soto. Una trama sencilla, que parte de un planteamiento poco novedoso (un reencuentro que da pie a recuerdos y revelaciones), se convierte en una excusa para hablar del país, el conflicto interminable, la injusticia, por un lado, y por otro, de la crisis de la edad madura, los cambios y los sueños.

Protagonizada con frescura por Adyel Quintero, Nicolás Montero y Blas Jaramillo —quien falleció en 2007, lo que da cuenta del retraso en la postproducción y estreno comercial de la película, dos años después de su exhibición en festivales—, la historia se siente honesta, verosímil en su mayoría (hay uno que otro desfase poco relevante, tanto en la puesta en escena del pasado como en la relación con la empleada y la niña), suficientemente elaborada en su sencillez. Los diálogos están cargados de un humor que resulta espontáneo, y sobresalen los momentos más cotidianos, los menos “filosóficos”, que hacen sentir al espectador que está ahí, desayunando o tomándose un vino con los tres amigos y Ale (Mónika Pardo), la novia de Gus, el anfitrión.

Si bien el peso de la historia recae equitativamente en los tres personajes,  y un tanto en Ale, es de destacar el rol de Gus, interpretado por Jaramillo, quien tras destacarse en otras cintas colombianas como Satanás o Perro come perro, en Cuarenta logra un papel más mesurado y plausible. Si en aquellas resultaba un tanto artificioso, aquí sobresale por la capacidad de hacerle vivir al espectador la sensación de crisis profunda por la que pasa, que lo llevó a abandonar su trabajo como periodista y a esconderse en su finca de  La Calera evitando todo contacto real con la civilización, si bien se mantiene conectado a través de internet y el blog en donde revisa una y otra vez sus crónicas y reportajes sobre masacres y otras atrocidades generadas por la guerra intestina de Colombia. Y también hace vívidos sus temores respecto a Ale, sus patentes conflictos de la mediana edad, que comparte con sus amigos, aunque cada uno los vive de manera distinta.

Narrativa y estéticamente, lo más interesante es, por su parte, el tratamiento que se le da a las dubitaciones de Nico (Quintero), quien después de muchos años de matrimonio se da cuenta de que es gay. Las tribulaciones de su mente son puestas en escena de manera creativa, con un diseño sonoro muy bien construido, trayendo virtualmente al espacio de la casa campestre al amante y a la esposa, poniéndolos incluso a dialogar, de una forma suficientemente explícita y sutil al mismo tiempo: el público los ve, entiende lo que pasa, y a la vez sabe que no están ahí, que todo sucede en la cabeza de Nico.

La resolución es escueta, nada cambia demasiado después de los dos días de reunión y no queda claro qué pasará con cada uno de los personajes, y sin embargo resulta coherente. Por supuesto, podría dársele mayor profundidad, ahondar más en los problemas, tanto los contextuales como los personales, definir con mayor precisión que va a pasar con ellos, pero a la larga no resulta necesario. Es un momento significativo, bien contado, creíble. Claramente no apela al gran público, en tanto no es una cinta comercial, y sin embargo no debería ser invisible, pasar inadvertida por la cartelera. Es una lástima que la confinen a un horario casi imposible en una sola sala de la ciudad.

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3 comentarios el “Cuarenta: Una película que no debería ser invisible

  1. Lucía
    julio 13, 2011

    No veo dónde y cuándo la presentan en Bogotá. ¿Me cuentas?

    • Andrea
      julio 13, 2011

      Multiplex Embajador, 11:40 am, 1:50 y 4:00 pm. Sólo queda mañana para verla…

  2. raguabros
    agosto 23, 2011

    Yo la vi en el Embajador. La verdad no estuvo horrible como ciertas (yo diría más de lo normal) películas colombianas, ni fue una gran revelación. Para mi estuvo en el borde entre lo aceptable y lo mediocre, aunque sí, una lástima que la hayan puesto solo 1 (¿o 2?) semana en cartelera en un solo teatro y sólo 3 funciones diarias. Terrible.

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