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Un rompecabezas sobre la colombianidad

Por Andrea Echeverri,  andreacine.wordpress.com

Después de un tiempo regresa Ricardo Coral-Dorado con su quinta película, Postales colombianas, un largometraje rodado en video, que cuenta de manera fragmentada la historia de tres amigas y su terrible destino en un país donde es posible que a una persona la maten solo para manipular unas estadísticas: los eufemísticamente llamados falsos positivos. Se trata de la primera película colombiana del mes que habla de este tema —la próxima, muy distinta, de la que hablaré próximamente, es Silencio en El Paraíso—, esta vez en clave de comedia y con un modo de narración muy contemporáneo, ágil e sugestivo.

Las tres mujeres son Fanny, de figura escultural, quien deja todo por ir en pos de un novio que la maltrata; Piedad, documentalista que ama la rumba y no soporta el perro de su vecino, y Caridad, cuyas ideas, según sus amigas, son “mamertas”. Alrededor de ellas se mueven una serie de hombres: el vecino, obediente empleado de la agencia de inteligencia estatal, cuyo perro es su adoración; un taxista súper católico, reaccionario y machista, amante del orden, a pesar de que su taxímetro está alterado; un muchacho que acaba de terminar el servicio militar y ha decidido irse a vivir solo; un alto mando de la agencia de inteligencia, que es el que todo lo planea, con la ayuda de un subalterno no muy largo de luces.

Con estos personajes y sus historias entrecruzadas arma Coral su rompecabezas fílmico, narrando la trama por fragmentos sin linealidad de tiempo ni de espacio. Con una dirección de arte apropiada, pero no muy llamativa, la película consigue diferenciar cada personaje y cada locación, pero no va más allá. En cuanto a la fotografía, deslucida en ocasiones por la calidad del video —que se hace demasiado notorio— tiende a sobreiluminar, por un lado, y utiliza en exceso el enfoque selectivo, a veces sin mucho sentido, pero finalmente logra su cometido: dotar de atmósfera buena parte de la película.

Es una película interesante y entretenida, que parte además de un principio inquietante: los falsos positivos buscados no entre los jóvenes de clases bajas que —teóricamente, por supuesto— a nadie le importan, sino en la clase media intelectual, a la que buena parte de sus espectadores podremos pertenecer, pero no es muy claro si el tono de comedia sea el más apropiado para relatar una realidad tan terrible como la que acomete, y no resulta verosímil que todas las piezas acaben encajando de una manera tan artificiosa, es un micromundo donde las víctimas no son las esperables, y aunque las casualidades existen, no pueden llegar a tanto, ¿o sí?

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5 comentarios el “Un rompecabezas sobre la colombianidad

  1. Pingback: Un rompecabezas sobre la colombianidad

  2. Sugel
    julio 25, 2012

    La fotografía, como el resto de la producción, es realista. Rodada en video de alta definición, se aprovecha la luz de exteriores con acierto y se logran reflejar algunos de los preciosos atardeceres sobre la ciudad, pues lo mejor que tiene el barrio, sin lugar a dudas, son las vistas. A los personajes García les hace encuadres cercanos, dándoles el protagonismo de las escenas y humanizándolos todavía más. La coloración es cálida, como la personalidad de Ronald y sus amigos, y sobresale en las escenas de amor, pues sin duda lo que se pretende es que éste sea el tema primordial de la película, aunque de fondo esté siempre la hipocresía subyacente de una sociedad que permite que sucedan cosas como los falsos positivos.

    • Andrea
      julio 28, 2012

      Estás hablando de Silencio en El Paraíso, no de Postales colombianas, ¿cierto? Ahí te concedo toda la razón.

  3. gold price
    julio 26, 2012

    La cámara es inquieta, se acerca a los personajes, los segmenta, los descompone, aunque también los contextualiza, los devuelve a un entorno que a veces resulta natural y otras, extraño. Durante la primera mitad de la película, Porfirio no sale de su casa; vemos, pues, sólo a los tres personajes en su cotidianidad, entendemos la cotidianidad del protagonista, siempre en una pantaloneta que a duras penas le tapa el pañal, que necesita ayuda para sus labores cotidianas y sobrevive vendiendo minutos de celular a los vecinos en el porche de su casa, y entendemos la desesperación que lo va consumiendo poco a poco. Más adelante, el panorama se amplía, cuando Porfirio sale de su casa y recorre las calles de Florencia en busca de su abogado o en alguna diligencia. Entonces la luz cambia, y también lo hace la sensación de dignidad de Porfirio: se le ve decisión y valentía.

    • Andrea
      julio 28, 2012

      Ahora esto va sobre Porfirio… ¿qué está pasando?

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