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Las encrucijadas sin retorno de la vida

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

Lionel Shriver —una mujer, aunque resulte extraño para los lectores de lengua hispana— crea un universo compacto y denso en esta novela psicológica y deliciosa que es El mundo después del cumpleaños, un camino bifurcado que narra las posibilidades que le presenta la vida a un personaje después de tomar —o no— una decisión crucial en su vida.

Irina McGovern es una norteamericana que se ha ido a vivir a Londres con Lawrence, su marido de hecho —pero no de contrato—, pues él ha conseguido allí un buen trabajo. Ella es ilustradora de libros para niños, y a través de la escritora con la que realiza un proyecto, la pareja conoce a su marido, Ramsey Acton, estrella del snooker, un juego semejante al billar que es muy celebrado en Gran Bretaña y que a Lawrence le encanta. Extrañamente, se instaura la tradición de celebrar con él su cumpleaños. Después de varios años, ya Ramsey separado, Lawrence no puede estar para la habitual celebración a causa de un viaje, pero pide a Irina que vaya en nombre de ambos a cenar con él para no dejarlo solo en esa fecha. Después de la cena, en la que Irina se siente atraída por el atractivo jugador, se fuman un porro y en medio de la desinhibición a Irina le dan unas irresistibles ganas de besarlo… Y es aquí cuando la novela se parte en dos, como si se pudiera tomar dos caminos simultáneos en una encrucijada vital. Después del cumpleaños, entonces, en una vida, Irina sigue su vida con Lawrence y sólo se pregunta qué habría sucedido si…, y en la otra, comienza un romance con Ramsey, con el que acaba casándose, acompañándolo en sus giras de snooker, olvidándose un poco de sí misma y extrañando de algún modo su vieja existencia junto a Lawrence.

Narrada con una prosa incisiva, que va desvelando capa a capa la personalidad de Irina y de sus dos amores, la historia logra profundizar en las emociones tanto o más que en las situaciones por las que atraviesan los personajes. Por supuesto que Shriver nos cuenta todo acerca del snooker, así como del trabajo de Lawrence —es analista político del fenómeno del terrorismo, en el mundo de antes del 11 de septiembre—, pero se regodea con gran soltura sobre todo en los sentimientos matizados y sutilmente cambiantes no solo de la protagonista, sino de todos los que la rodean.

Sin embargo, y aunque está bien encajado en la trama, no resulta especialmente acertada la ocupación que propone para Irina. Se ha vuelto casi un lugar común esa profesión tan “femenina” de ilustrar libros infantiles, que aunque pueda ser válida no dice demasiado del personaje. Es cierto que Shriver le saca partido, que luego la pone a escribir sus propias historias y ahí tiene mucho más juego, pero de algún modo se siente como un oficio de segunda, que rebaja ligeramente de categoría a un personaje que podría tener muchísimo más vuelo y aun así seguir teniendo las mismas dualidades, complejos, miedos y demás.

Pero más allá de eso, El mundo después del cumpleaños habla más que nada de las dificultades que siempre existen en las relaciones de pareja, la fidelidad y la infidelidad, el enfriamiento del afecto, la imposibilidad de ser feliz por completo, pues no se puede tener todo al mismo tiempo, las contradicciones que sufre cada ser humano. Se erige entonces como una radiografía del amor, a través de dos posibles historias vividas por una sola persona, y como las circunstancias de cada situación generan necesariamente cambios en ella, bien mostrados a través del paralelismo que se mantiene a través de toda la novela, que va de lo formal a lo narrativo.

La famosa autora de Tenemos que hablar de Kevin (ver crítica de la película basada en la novela), en donde también la clave argumental se asienta en la disyuntiva, aunque de una manera muy distinta, no traspasa los límites, se queda apenas en una primera encrucijada cuando podría llevarnos a muchas más —como hace, por ejemplo, Alan Ayckbourn en su pieza teatral Intimate Exchanges—, si bien es suficiente para entender el valor de las decisiones cruciales que tomamos en la vida. Es cierto que cada pequeña opción puede desencadenar una serie de acontecimientos que podría cambiarnos la existencia, pero lo que Shriver quiere enfatizar es que hay momentos en que sabemos que lo que vamos a hacer —y que aún estamos a tiempo de evitar— implica un punto de no retorno. Y es de eso justamente de lo que se trata esta novela fascinante.

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Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Esta entrada fue publicada en junio 4, 2012 por en Literatura y etiquetada con , , , .

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