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Una fábula de la esperanza

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

Han pasado veinte años. En Le Havre, la última película del formidable director finlandés Aki Kaurismäki, Marcel Marx, interpretado por André Wilms, el viejo escritor de La vida de bohemia (La vie de bohème, 1992, adaptación libre del libro de Henri Murger), quien vivió maravillosas aventuras sin un centavo en París junto a Rodolfo, el pintor, y Schaunard, el músico, ahora vive en el puerto normando, donde sobrevive como lustrabotas, y de su vida artística sólo le queda la afición a la bebida y la gran sensibilidad.

Ahora está casado con Arletty —la recurrente Kati Outinen—, una extranjera dulce que lo cuida y lo entiende, con quien vive en un callejón en un barrio pobre de Le Havre, en el que le huyen la panadera y el tendero a quienes les debe ya largas cuentas. La única que parece recibirlo bien es Claire, la propietaria del bar al que va todas las noches mientras Arletty prepara la cena, y que parece ser el lugar de reunión de los desadaptados. La dura y monótona vida de Marcel da un vuelco cuando suceden dos cosas simultáneas: su mujer enferma y debe recluirse en el hospital, y mientras, él descubre a un niño africano, inmigrante ilegal, buscado por la policía, y decide ayudarlo, primero a esconderse, y luego a llegar a Londres en busca de su madre.

Kaurismäki utiliza algunos otros actores que ya habían participado también en La vida de Bohemia, pero esta vez haciendo roles diferentes. Es el caso de Evelyne Didi, quien fuera Mimi antaño, la musa de Roberto, y ahora es Yvette, la panadera, o del legendario Jean-Pierre Léaud, quien encarnara antes al millonario coleccionista, y que en la nueva cinta es el antagonista en la sombra, el que se empeña en denunciar a Idrissa —Blondin Miguel—, el niño prófugo. Y entre los nuevos miembros del elenco, destaca sin duda el cómico Jean-Pierre Darroussin en el papel del Inspector Monet, encargado de capturar al pequeño, de gustos finos y modales extraños, un personaje que se vuelve más interesante cada vez a medida que avanza la trama.

Como era de esperarse, las imágenes son impecables. Con el minimalismo que lo caracteriza, que se despliega en todos los aspectos, salvo quizás en el musical, la composición de cada plano es espléndida, nada es dejado al azar: la elección, el color y la ubicación de cada objeto en el cuadro genera una plasticidad absoluta. Con la mayor economía de recursos posible, Kaurismäki cuenta la historia sin perder un detalle, pero sin que sobre la menor arandela.

La música, como siempre también, es deliciosa. Va del tango al blues, pasando por Bach, y por supuesto que sube los músicos a escena. En este caso, se trata de Little Bob, un viejo rockero francés (real), que da un concierto de caridad para ayudar a Marcel a conseguir fondos para mandar a Idrissa a Londres. Es tal vez en lo único que no se limita; dejando breves momentos silenciosos, cambia eclécticamente la banda sonora para llevar las emociones de la mano de The Renegades, Blind Willy McTell, Carlos Gardel o Hasse Walli & Asamaan.

Con ritmo lento pero acompasado, esta fábula llena de esperanza y dulzura está a la altura de toda la filmografía de Kaurismäki. Inscrita dentro de sus dramas sociales, está sin embargo más llena de vida y de luz, y dejará al espectador, si es lo suficientemente sensible ante este tipo de arte, más que satisfecho, con el corazón lleno.

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Un comentario el “Una fábula de la esperanza

  1. gold account
    julio 15, 2012

    Una fábula de la esperanza El finlandés Aki Kaurismäki es una leyenda en el cine independiente con historias sencillas que hablan de carencias y rebeldes luchas sociales en el norte de Europa, a menudo con situaciones y personajes extravagantes. Junto a su hermano Mika Kaurismäki, son fundadores del Midnight Sun Film Festival de Sodankylä y de la distribuidora Ville Alpha. En Colombia tenemos su nueva película como productor, director y guionista: Le Havre. Muy emocionado… nuestro aplauso. CRÍTICA Han pasado veinte años. En Le Havre, la última película del formidable director finlandés Aki Kaurismäki, Marcel Marx, interpretado por André Wilms, el viejo escritor de La vida de bohemia (La vie de bohème, 1992, adaptación libre del libro de Henri Murger), quien vivió maravillosas aventuras sin un centavo en París junto a Rodolfo, el pintor, y Schaunard, el músico, ahora vive en el puerto normando, donde sobrevive como lustrabotas, y de su vida artística sólo le queda la afición a la bebida y la gran sensibilidad. Ahora está casado con Arletty —la recurrente Kati Outinen—, una extranjera dulce que lo cuida y lo entiende, con quien vive en un callejón en un barrio pobre de Le Havre, en el que le huyen la panadera y el tendero a quienes les debe ya largas cuentas. La única que parece recibirlo bien es Claire, la propietaria del bar al que va todas las noches mientras Arletty prepara la cena, y que parece ser el lugar de reunión de los desadaptados. La dura y monótona vida de Marcel da un vuelco cuando suceden dos cosas simultáneas: su mujer enferma y debe recluirse en el hospital, y mientras, él descubre a un niño africano, inmigrante ilegal, buscado por la policía, y decide ayudarlo, primero a esconderse, y luego a llegar a Londres en busca de su madre.

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