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Un libro, un maletín, dos mujeres y dos dramas llenos de acción

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

En esta avalancha de cine colombiano, llega a la cartelera un nuevo estreno, La lectora, de Riccardo Gabrielli, basada en la novela de Sergio Álvarez. Se trata esta vez de una película de acción y suspenso, que toca apenas de lejos la realidad nacional.

Una joven estudiante de literatura alemana de repente es secuestrada para que traduzca un libro manuscrito —escrito en alemán— en el que supuestamente se da cuenta del paradero de un misterioso maletín que mucha gente parece buscar y que ya ha costado varias vidas. La lectora —interpretada por Carolina Guerra—, es una muchacha desparpajada que si bien no entiende por qué está en tal situación, acaba acoplándose a ella e incluso manipulando a sus captores, un par de hermanos ambiciosos y torpes —Elkin Díaz y Héctor García— que tampoco saben muy bien qué hacer con ella ni con Gabriel —John Alex Toro—, el otro cautivo, del que nunca se llega a saber el motivo de su reclusión.

En la lectura, la historia nos adentra en la vida de otra mujer, Karen —Carolina Gómez—, una bailarina de vida alegre, que fascina a unos y causa la envidia de otras, enamorada secretamente de Cachorro —Diego Cadavid—, un taxista de medio pelo, mal recibido en El Oasis, el lugar donde trabajan Karen y Patricia, el amor platónico de Cachorro y futura esposa del mítico Patrón —Luis Eduardo Arango—. Karen y Cachorro acaban envueltos en un gran lío cuando, al llevar a los hijos del Patrón, son atacados por otra banda, entre la que hay policías, y tras un fuerte enfrentamiento, acaban huyendo con el valioso maletín, que Karen esconde, y a partir de ahí empieza su huida.

Las dos tramas se entrelazan de manera fácil y sinuosa. A ratos vemos a los secuestradores y a la lectora en la gran casa campestre abandonada en que se esconden, pero cuando ella traduce, sus palabras dan paso inmediato a la otra historia, y sólo cuando algo interrumpe la lectura se vuelve a ese nivel de realidad. Un relato es diurno y el otro nocturno; uno es frío, el otro cálido; uno rural y el otro urbano, y sin embargo, se sienten complementarios, cercanos, con puntos en común.

El fundamental, sin duda, es el absoluto protagonismo femenino. En ambos casos, es la mujer la que lleva las riendas, a pesar de las circunstancias. Si bien la lectora está encadenada, es ella la que tiene el poder, la que sabe alemán y puede transformar el relato a su antojo y lograr que le vayan dando una que otra libertad. Y Karen, por su parte, aunque sea una prófuga, es la única que sabe dónde está el maletín, la que lleva de la mano a Cachorro, logra enamorarlo, mas no al punto de quitarle la codicia, las ganas de salir de pobre.

Decía que toca tangencialmente la realidad del país, en la medida en que habla del secuestro, de la corrupción policial, el ajuste de cuentas entre bandas, que son cosas que pasan acá pero pueden pasar en cualquier parte. La idiosincrasia está clara, más bien, en esa búsqueda de dinero fácil que caracteriza a casi todos los personajes y que ha llevado a Colombia a los niveles de corrupción que lo caracterizan. Pero definitivamente no se trata de una película espejo, como tantas otras.

Riccardo Gabrielli, quien había iniciado su carrera con la ingenua Cuando rompen las olas, una road movie que mostraba preciosos paisajes en una historia sencilla y edulcorada, apuesta esta vez por una historia mucho más compleja y comercial, en la que demuestra lo que ha aprendido en estos años.

La factura de la película es más que correcta. Las escenas de acción están bien conseguidas, resultan verosímiles y entretenidas; los efectos especiales están bien hechos, el maquillaje, las heridas, las balas las explosiones funcionan. La fotografía tiene sus momentos memorables, se mantiene la intención de visibilidad más que la búsqueda de símbolos a través de la luz, pero se consiguen buenas atmósferas y se diferencian claramente los dos ámbitos de la película. La dirección de arte es acertada, le sacan especial provecho a los bellísimos Billares Londres, los personajes están bien caracterizados a través de su vestuario y su entorno, si bien la casona donde está secuestrada la lectora quizá es demasiado lujosa y acristalada para funcionar como lugar de reclusión. Por último, la música acompaña bien la narración, salvo tal vez el uso de Carmen, de Bizet, al principio, que no tiene una justificación muy clara, tal vez sí para un personaje, pero definitivamente no para la historia entera.

Licencia Creative Commons Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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