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Texturas apocalípticas

4-44

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

La supuesta “profecía” maya del fin del mundo ha suscitado una serie de películas apocalípticas desde el año pasado. Las anteriores, por lo general, jugaban a que quedaba uno o algunos sobrevivientes, en una tierra devastada o incluso fuera de ella tras su destrucción, lo que implicaba un nuevo comienzo, por desalentador que pareciera ydifícil que resultara. Pero estas, las de ahora, se ocupan directamente del final, sin esperanza ninguna en la posibilidad de supervivencia. Con tonos distintos, desde la endeble comedia romántica Buscando un amigo para el fin del mundo (Seeking a Friend for the End of the World), se destacan, sin lugar a dudas, Melancholia, del polémico Lars Von Trier y la recientemente vista en el festival 4+1, 4:44 Last Day on Earth, de Abel Ferrara.

El descarnamiento habitual de Abel Ferrara se ciñe ahora entonces sobre toda la humanidad. Es el último día de vida en el mundo, pues en este caso se trata de que el agujero en la capa de ozono, producido por el derroche y la negligencia humana, ya no tiene salvación. Una pareja de artistas, Cisco y Skye —Willem Dafoe y Shanyn Leigh— se aferran en su loft a las horas de vida que les quedan. Ella parece tomárselo con bastante serenidad, meditando y pintando su último cuadro de gran formato, viendo al Dalai Lama y usando su mejor ropa. Él, en cambio, es presa de la angustia, quiere comunicarse con sus amigos, con su hija —de un anterior matrimonio— y se pregunta por el sentido de la existencia.

En una imagen donde la textura digital es notoria, el diálogo tecnológico es parte fundamental. La pareja tiene encendidos múltiples dispositivos electrónicos: televisores, computadores, pantallas, celulares, emitiendo imágenes y discursos simultáneos que los mantienen —en apariencia al menos— en contacto con el resto del mundo. Pero en el fondo están muy solos. Se tienen el uno al otro, sí, y se buscan físicamente bastante, se desean e intentan saciarse antes del fin, pero la conexión no es completa, no es límpida. La serena Skye enloquece cuando Cisco intenta calmar a su ex esposa por Skype, los celos y la pataleta por algo tan insustancial muestran que el yoga y la meditación no han hecho verdadera mella en su interior.

Por su parte, Cisco, en el único momento en que la cámara se desplaza fuera del apartamento, va en busca de unos viejos amigos que viven cerca. Se trata de su antiguo dealer, su mujer y su padrino de sobriedad, pues lleva limpio dos años. ¿Tiene sentido ahora consumir droga o mantenerse sano? Su amigo cree que es el mejor momento para resistir, pero Cisco no está tan seguro, aunque no lo rebate abiertamente. Mientras por las ventanas han visto suicidarse a otros desesperados, ¿vale la pena aferrarse a algo, guardar alguna esperanza?

Se trata de una película sencilla, corta, a la vez lenta y atiborrada de elementos, con toda la carga dramática puesta sobre los dos personajes principales, y los secundarios, salvo la breve conversación anteriormente relatada, sólo presentes a través de los aparatos de comunicación. Skye cambia de atuendo demasiadas veces para tan corto tiempo —todo sucede en unas pocas horas—, y recurre probablemente a lo más exótico de su armario, aun para ensuciarlo con los acrílicos con los que está creando su última obra de arte, y para que Cisco tenga algo nuevo que quitarle la próxima vez que la lleve a la cama. Su momento más interesante sin duda llega en la charla virtual con su madre, en la que deja salir a la niña pequeña que sigue llevando dentro, aunque la mamá no le da realmente la talla. Cisco, por su parte —gracias al enorme talento de Defoe— es más versátil, lleno de matices, su preocupación varía en tono y en profundidad, quiere reparar viejos daños, redimirse, alcanzar algún grado de paz antes de la catástrofe. Su rostro, definitivamente, es lo mejor del filme, en el que la luz refleja bien las emociones.

Las texturas son, estéticamente, lo mejor conseguido: es una película casi táctil, donde los elementos se sienten vivos, al alcance de la mano, y es probablemente lo que la hace más inquietante y verosímil. Porque puede llegar el momento, al ver la cinta en que nos creamos que quizá esta madrugada, a las 4:44, dejemos de existir.

 
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Esta entrada fue publicada en diciembre 12, 2012 por en Cine, Cine independiente y etiquetada con , , , , , , , .

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