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Tarantino desencadenado

django_unchained

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

Django Unchained (Django sin cadenas), la séptima película de Quentin Tarantino es, al mismo tiempo, algo novedoso y más de lo que nos tiene acostumbrados. Hay, sin duda, muestras de madurez en el guion y en la dirección, con toques clásicos: por primera vez se decanta por una narración lineal —cuenta la trama cronológicamente y casi todos los flashbacks están justificados por recuerdos o relatos y son claramente encajables dentro de la historia—, construcción de personajes con mayor profundidad psicológica (aunque sus anteriores protagonistas eran absolutamente fantásticos, su variedad de matices era mucho más comportamental que psíquica) y el argumento se remite a un pasado norteamericano reconocible y esta vez sin alteraciones históricas notables.

A la vez, cuenta de nuevo una historia de venganza, llena de peleas, engaños, sangre y tensión, con guiños y homenajes al cine de los años sesenta y setenta, como es habitual en su filmografía. En esta ocasión, sobra decir, gira en especial en torno al spaghetti western, el cine de vaqueros en su época “decadente” (muy entre comillas, pues está llena de obras maestras), realizado sobre todo por directores italianos, entre los que se destaca Sergio Leone, una de las influencias más reconocibles en Django.

Aunque el personaje que le da título a la película es el esclavo liberto —interpretado por Jamie Foxx—, bien podría pensarse, al menos en la primera parte de la cinta, que el verdadero protagonista es el doctor King Schultz —magnífico Christoph Waltz, esta vez en un rol mucho más ambiguo y carismático—: el cazarrecompensas que compra a Django para que le ayude a reconocer a los capataces de una plantación que tienen una cuantiosa orden de captura vivos o muertos. Aunque está en contra de la esclavitud, se aprovecha de ésta para la situación, asegurándole a su compañero que le dará la libertad apenas acabe con los tres rebeldes. Por el camino descubrirá que el negro es un gran tirador, bueno para el oficio, y se irán haciendo amigos hasta volverse socios.

Además de la historia de búsqueda de forajidos, la otra subtrama implica una nueva particularidad en Django Unchained: se trata de una historia de amor, la primera verdaderamente desarrollada en las películas dirigidas por Tarantino (dos de sus guiones anteriores, True Romance y Natural Born Killers, dirigidos por Tony Scott y Oliver Stone respectivamente, son formidables y, por supuesto, violentas historias de amor; en las demás solo hay amagues, quizá en Jackie Brown va un poco más allá, pero no llega demasiado lejos). El objetivo primordial de Django es rescatar a Broomhilda —Kerry Washington—, su esposa, esclava en una enorme plantación en Misisipi, en manos del cínico y feroz Calvin Candie —un Leonardo DiCaprio mucho más aceptable que cuando lo dirige su habitual Scorsese—. Por medio de recuerdos, Django revela como ha sido su relación con Hildy, y cuando por fin se encuentran en la hacienda Candyland las miradas, temblores y acercamientos expresan la solidez y vigencia del vínculo, que más adelante se sella con un beso, que si bien es corto e incluso sutil, está fotografiado a la manera de los westerns clásicos, a contraluz en la puerta de una cabaña, un instante de un improbable romanticismo tarantinesco.

No es el único momento preciosista. Ésta es quizá la película con fotografía más cuidada en su haber. Si la dirección de arte —escenografía, decoración, vestuario, etc.— es impecable en tanto se trata de un filme de época que aunque irreverente en algunos aspectos acaba siendo respetuoso, la iluminación no se queda atrás. La atmósfera es cálida y acogedora, incluso en los momentos más violentos; tanto en interiores como en exteriores se nota un cuidado extremo con la temperatura del color, los matices y la paleta utilizada. Los encuadres son impecables, pues dejan ver siempre lo que es necesario en el plano. No obstante, Tarantino utiliza desde antes de los créditos su recurrente y odioso zoom que desentona con el resto de su cuidadosa puesta en cámara, aunque lo justifica ese amor por el cine setentero, cuando era un mecanismo aceptado e incluso valorado.

El otro exceso del filme, además de la sangre y el movimiento óptico, es el uso apabullante de la música. Aparte de que hay demasiadas canciones, el volumen de la mezcla es bastante alto, y casi no da respiro. Si en otras cintas la música llegaba a ser uno de los más grandes aciertos, en este caso ocurre lo contrario. Tal vez aquí, al haberse aplacado un poco en el lenguaje argumental y narrativo quiso, a la hora del montaje, recuperar su idiosincrasia con una expresión musical recargada, sin pararse a pensar que no lo necesitaba, que su firma está absolutamente presente a pesar de que evite esos recursos fílmicos —el manejo del tiempo, el espacio, la focalización, el uso de capítulos, etc.— que permitieron que el cine contemporáneo diera un brinco hace más de veinte años. Su aporte ya está realizado, no es imperativo que siga usando los mismos elementos, de hecho es loable que sea capaz de salirse del esquema, avanzar en una nueva dirección sin dejar de ser él mismo.

Django es, pues, probablemente, una película de transición. Bien hecha, interesantísima, muy entretenida, pero que deja con ganas de ver con qué giro saldrá la próxima vez Tarantino, ahora que se liberó de sus propias cadenas.

 
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Un comentario el “Tarantino desencadenado

  1. Sofia
    febrero 2, 2014

    Muy buena reseña crítica de la película.. la verdad, soy fanática de Tarantino y él es uno de los directores que más me inspira, ya que estoy estudiando cine… También, te felicito por el blog, es muy bueno, por lo que ya me suscribí!… pero otra cosita más, cuando dijiste que no era necesario que Tarantino también dejara su marca en el sonido, ya que los otros aspectos daban cuenta de que se trata de una película suya, tengo que decirte que no estoy de acuerdo. Puede ser que lo haga por capricho pero creo, más que nada, que él intenta capturar al espectador en todos los sentidos y el sonido, es uno de los más importantes, como te darás cuenta, ya que envuelve y le da forma al clima de todo film… Y como todos los aspectos que marcaste son, en cierta forma, visuales (manejo del tiempo y el espacio, división en capítulos, etc.) creo que el sonido le da otra “visión” al espectador, dependiendo de cómo esté compuesto. Ya que el cine, en cierta forma, es sonido e imagen.

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