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Y ahora, la vida real

medianoche

Por Andrea Echeverri, andreacine.wordpress.com

Dieciocho años después de conocerse, Céline y Jesse están de vacaciones en Grecia. Ya no están solos: tienen dos hijas gemelas, pasaron la temporada con Hank, el hijo del anterior matrimonio de Jesse y es su último día en Mesenia, una región del Peloponeso, donde Jesse fue invitado a pasar una estancia literaria con su familia.

Se trata, por supuesto, de Antes de la medianocheBefore Midnight—, de Richard Linklater, tercera entrega de la trilogía de la historia de Céline y Jesse, interpretados siempre por Julie Delpy y Ethan Hawke, también coguionistas, que empezó en 1995 con Antes del amanecer, cuando se conocieron en un tren y pasaron juntos una memorable noche en Viena, y continuó en 2004 con Antes del atardecer, cuando Jesse fue a promocionar la novela que contaba esa historia a París, y Céline lo abordó en la librería un par de horas antes del vuelo que lo regresaría a Nueva York. Han pasado otros nueve años, y la historia de amor continúa.

Después de un prólogo en el que Jesse despide a su hijo en el aeropuerto, la película cuenta la jornada de la pareja en tres actos: el regreso en el auto hasta la casa de los anfitriones; el buen rato que comparten con ellos —la primera vez que los vemos en compañía—, y por último, la larga conversación de la pareja a solas en un hotel.

Una estructura limpia, como limpia es su estética: planimetría, fotografía y dirección de arte realistas, casi minimalistas. Mucho paisaje, aprovechar los recursos del entorno, detalles simples, la espléndida luz del sur de Grecia al final del verano, planos secuencia que no interrumpen los discursos, primeros planos solo cuando son necesarios. La fuerza está, más que nunca, en los diálogos. Sobre todo la primera mitad del filme tiene un aire a esas fantásticas películas veraniegas de Rohmer, donde todo el drama se desarrolla a partir de las conversaciones de los personajes. (El gran cineasta francés decía que era ideal situar a los personajes en vacaciones, pues es cuando tienen tiempo de reflexionar y cuestionarse su vida y los asuntos importantes de la existencia).

La sorpresa llega de inmediato, por eso no es grave revelarla en el primer párrafo: Céline y Jesse han tenido un par de gemelas —preciosas, por cierto—, y viven en Francia. Jesse resiente estar lejos de Hank, el hijo que abandonó, junto a su madre, cuando reencontró a Céline hace nueve años. Si las dos anteriores películas versaban sobre el amor romántico, con toques de imposible, entre el gringo y la europea que tienen todo en contra para estar juntos y que cuentan solo con un rato para vivir su romance —en el primer caso una sola noche, en el segundo apenas un par de horas—, la tercera parte cuenta por fin la cotidianidad. Llevan juntos nueve años, siete de padres, mucho tiempo de concesiones, de ceder, de transar, de vivir el día a día de forma “natural”.

El prólogo es la despedida verborreica de Jesse frente al monosilábico Hank, que regresa a Chicago, con más aplomo del que su padre le supone. Vemos así a un Jesse en plena madurez, pero aun inseguro, torpe ante un hijo adolescente y esquivo, que sin embargo le confiesa que éste ha sido el mejor verano de su vida. Tras la presentación del primer personaje, nos reencontramos, en el primer acto, con Céline, que le espera en el carro. Por su cara —y luego notaremos también que por su cuerpo— ha pasado el tiempo. Habla de sus ambiciones, su trabajo, pues está en juego un cambio del sector privado, seguramente una ONG, al público. Sigue siendo apasionada y compleja, características que se exacerbarán a lo largo de la jornada.

Mientras las niñas duermen, en un largo plano secuencia, asistimos a la primera conversación cotidiana de Jesse y Céline. Ya no se trata de descubrirse el uno al otro, de contarse lo que ha sido de sus vidas en estos últimos nueve años —aunque, como en una obra de teatro, lo iremos descubriendo a partir de los diálogos, sobre todo en el segundo acto—, sino de discutir acerca de la cotidianidad, como si despiertan o no a las niñas para ver unas nuevas ruinas, de las decisiones acerca del futuro, laborales o logísticas…

Cuando llegan a casa de su anfitrión, Patrick —Walter Lassally, un director de fotografía octogenario que se estrena en la actuación—, vemos por fin, tras dos décadas, a la pareja en contexto social. En la casona se encuentran tres parejas más: una de ancianos —que realmente no están juntos, son un par de amigos viudos—, otra apenas mayor que los protagonistas y una de jóvenes que llevan poco tiempo juntos, que reflejan, de algún modo, el pasado, el presente y el futuro de Céline y Jesse. Al  comienzo, cada uno sostiene conversaciones independientes, por un lado los hombres, fuera de la casa, y por el otro las mujeres en la cocina. Luego se reúnen todos, sin los niños, en el comedor. Diálogos ágiles, variados, llenos de ingenio, que permiten a los protagonistas lucirse ante un público como no pueden hacer ya el uno frente al otro, con interlocutores que les dan la talla, sirven de puente entre los dos momentos álgidos del drama.

El tercer acto, el más largo, menos cercano a Rohmer y más bergmaniano, sucede en soledad. La última noche de la estancia la pasarán, por invitación de sus amigos, en un hotel costero. Y empieza la montaña rusa: un despliegue de emociones, decisiones precipitadas, hormonas alborotadas, locura, pasión, trapos sucios que se mezclan como en una coctelera de chiringuito de playa.

Los personajes están tan bien construidos, desde el papel y desde la actuación, desde las películas anteriores pero sobre todo en esta nueva entrega, que sentimos que estamos ante seres reales. Como en la vida real, se trata de gente que se contradice, que es maravillosa a pesar de sus defectos, que a veces es desesperante aunque sea adorable. Las peleas surgen por motivos absurdos, por cosas que ni siquiera se han dicho, pero la pareja se conoce tan bien, que cada uno sabe lo que el otro piensa…

Para disfrutar Antes de la medianoche no es necesario haber visto las dos películas anteriores, pues es un retrato autónomo de una pareja de mediana edad en un momento complejo de sus vidas. Pero si uno ha visto las otras, es imprescindible ver esta. No es tan romántica, tan dulce, tan deliciosa como ellas… pero es la más real de las tres.

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Este obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Un comentario el “Y ahora, la vida real

  1. Asari Roca
    enero 24, 2014

    Esta película está genial no me cansaría de verla , me encanta 🙂 , y muy buena redacción 🙂

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